LA MOCHILA Y EL CURRÍCULUM

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LA MOCHILA Y EL CURRÍCULUM

Mensaje  citrifulcificante el Sáb Ago 14, 2010 4:33 pm

LA MOCHILA Y EL CURRÍCULUM


(Arturo Pérez Reverte)


Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas
al otro lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez,
el librero de la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de
libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no
ha leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -"ni falta
que me hace", suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades.
En ésas entra un chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte,
el aire tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la
conversación.
Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un
currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el
chico saca de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carnet
grapada, y le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de
antes.
Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla.
Sonríe un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo
la lluvia.
Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas
jóvenes. Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel.
Licenciados en esto y aquello, cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que
joderse. Le cojo el folio de la mano. Fulano de Tal, nacido en 1976. Licenciado
en Historia, cursos de esto y lo otro en París y en Italia. Tres idiomas.
Lugares, empresas, fechas. Cuento hasta siete trabajos basura, de ésos de
tres o seis meses y luego a la calle. Miro la foto de carnet: un
apunte de sonrisa, mirada confiada, tal vez de esperanza. Luego echo un vistazo
al otro lado del escaparate, pero el joven ha desaparecido ya entre los
paraguas, bajo la lluvia.
Estará, supongo, entrando en otras tiendas, en otras librerías
o en donde sea, sacando su conmovedor currículum de la mochila. Le devuelvo el
papel a Antonio, que se encoge de hombros, impotente, y lo guarda en un cajón.
Él mismo tuvo que despedir hace poco a un empleado, incapaz de pagar
dos sueldos tal y como está el patio. Antes de que cierre el cajón,
alcanzo a ver más fotos de carnet grapadas a folios:
chicos y chicas jóvenes con la misma mirada y la misma sonrisa a punto
de borrárseles de la boca. España va bien y todo eso, me digo. La
puta España. De pronto la tristeza se me desliza dentro como gotas frías, y el día
se vuelve más desapacible y gris. Qué estamos haciendo con ellos,
Maldita sea.Con estos chicos.
Antonio me mira y enciende otro cigarrillo. Sé que piensa lo mismo. En qué
estamos convirtiendo a todos esos jóvenes de la mochila, que tras la
ilusión de unos estudios y una carrera, tras los sueños y el esfuerzo, se ven
recorriendo la calle repartiendo currículum en los que dejan los
últimos restos de esperanza Licenciados en Historia o en lo que sea, ocho años de EGB, cinco de formación profesional, cursos, sacríficios personales
y familiares para aprender idiomas en academias que quiebran y te dejan
tirado tras pagar la matrícula. Indefensión, trampas, ratoneras sin salida,
empresarios sin escrúpulos que te exprimen antes de devolverte a la
calle, políticos que miran hacia otro lado o lo adornan de bonito, sindicatos con
más demagogia y apoltronamiento que vergüenza. Trabajos basura,
desempleos basura, currículums basura. Y cuando el milagro se produce, es con la
exigencia de que estés dispuesto a todo: puta de taller, puta de
empresa,boca cerrada para sobrevivir hasta que te echen; y si tienes buen
culo, a ser posible, deja que el jefe te lo sobe. Aún así, chaval, chavala,
tienes que dar las gracias por los cambios de turno arbitrarios, los fines de
semana trabajados, las seiscientas horas extras al año de las que sólo
ochenta figuran como tales en la nómina. Y si encima pretendes
mantener una familia y pagar un piso date con un canto en los dientes de que no te
sodomicen gratis. Flexibilidad laboral, lo llaman Y gracias a la
flexibilidad de los cojones se han generado, dice el portavoz
gubernamental de turno tropecientos mil empleos más, y somos luz y fan de Europa.
Guau. Gracias a eso, también, un chaval de veintipocos años puede disfrutar
de la excitante experiencia de conocer ocho empleos de chichinabo en tres o
cuatro años, y al cabo verse el la calle con la mochila, buscándose la
vida bajo la, lluvia.
Partiendo una y otra vez de cero. Flexibilidad laboral. Rediós. Cuánto
eufemismo y cuánta mierda. A ver qué pasa cuando, de tanto
flexionarlo, se rompa el tinglado y se vaya todo al carajo, y en vez de currículums lo que
ese chico lleve en la mochila sean cócteles molotov
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